Ojalá volviera el principito…


He vuelto al principito, como cada año, en que recupero algún pasaje para incluirlo en clase con mis alumnos y he pensado… este libro, después de casi 80 años, sigue siendo actual y pienso que nunca pasará de moda porque siempre seremos un poco principitos y un poco zorros. Y es que la condición humana no cambia, a lo largo del tiempo somos lo mismo, aunque nunca los mismos. A pesar de los avances tecnológicos, de los descubrimientos de la ciencia, de las pandemias, la condición humana, su esencia, su naturaleza no cambia. Seguimos necesitando lo mismo, seguimos anhelando lo mismo y luchando con lo mismo, aunque todo ello se manifieste en modos diversos. Por ello estoy convencida que la búsqueda del principito sigue siendo la nuestra, hemos diseñado nuevas formas para comunicarnos, hemos establecido contacto con millones de personas, nos hemos dado a conocer a miles de personas que quizá nunca hemos visto a la cara, pero seguimos preguntándonos dónde encontrar amigos. Y pienso que esto es así porque en principio los seres humanos somos radicalmente apertura, hemos nacido del encuentro personal y estamos llamados a ello, porque solo en el encuentro con el otro somos capaces de descubrirnos a nosotros mismos, porque una gran fiesta siempre será cuando haya un alguien con quien compartir, porque solo salimos del solipsismo en la medida en que somos capaces de hablarle a otro que es capaz de recibirnos y de acogernos, porque puedo descubrir mis cualidades en la ayuda que puedo brindar a otro, porque no habría nunca la alegría de una reconciliación sin el desacuerdo que precede a un acalorado intercambio de opiniones, porque no sabría lo mucho que significo sino fuera porque experimento lo que otro es capaz de hacer por mí ...

... porque no sabría el valor de la intimidad sin la confidencia que es fruto de la unión interpersonal, porque jamás entendería que hay un nivel que está por encima del nivel objetivo de la realidad y es aquel en el que las almas se encuentran y se comunican con una mirada, con una sonrisa de complicidad donde las palabras no son necesarias, porque solo en el amor de amistad conoce uno la dimensión de la libertad a través de la cual uno es capaz no solo de disponer de las cosas que tiene o del tiempo que dispone, sino de sí mismo; porque no hay mejor forma de ganar tiempo en la vida, que perdiéndolo con un amigo; porque solo en la amistad descubro que hay un modo de darse sin perderse, de unirse sin fundirse, de querer crecer no por un interés individual sino por la necesidad de ser mejor para alguien más. Porque la amistad nos recuerda que los seres humanos somos frutos del amor y estamos llamados a él porque los amigos nos descubren que el espíritu humano es capaz de trascender.


Por eso, quiero seguir siendo principito, no quiero dejar de interesarme por la amistad, y por descubrir su sentido profundo, pero tampoco quiero de dejar de ser el zorro que está dispuesto a sacrificarse con tal de ganar un amigo de verdad y espero poder ser siempre una flor que resulte única para aquel amigo que sabe quién soy.


‑ Daniela Salgado.

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