DECIDIR PARA CONSTRUIR.

Sin darnos cuenta ya cursamos la mitad del año. ¿Debía ser distinto? ¿Está cumpliendo las expectativas? ¿Qué hemos hecho? ¿Qué hemos dejado de hacer?


No sé ustedes, pero yo todas esas cosas me las pregunto de vez en cuando porque me ayudan a seguir viendo clara la ruta, a marcar el paso.


Laura y Tristán celebraban sus 25 años de casados. Ella aportaba a esa relación una hija (Silvia, amiga mía del colegio), él sus ganas de hacerla feliz. Juntos tuvieron un hijo y formaron la familia que son hoy. Se siguen amando. Y se declaran su amor. Transcribo aquí parte de la hermosa carta que leí en posteo de Facebook porque dice más de lo que yo podría explicar.


“Yo sueño y ella los hace realidad. Cuando nacemos, no elegimos a nuestros padres, nuestra nacionalidad o incluso nuestro cuerpo: todo está dado y lo afrontamos sin elección. Si nacemos con padres que tienen todos los recursos económicos, en un país del primer mundo con todas las facilidades y nos ponemos una linda carita de bebé, es cuestión de suerte. Recuerda, ¡no hicimos nada para conseguirlo y no tiene ningún mérito tenerlo! Sin embargo, las decisiones que tomamos durante nuestra vida son las que definen cómo la construimos. Sabemos que la elección de los amigos, trabajos o socios adecuados marcará nuestras vidas de una manera o de otra. Estos resultados no son una cuestión de suerte, muestran cómo somos y cómo queremos ser.”


Soñar y que los sueños se hagan realidad no es cuestión de suerte. Es decidir, arriesgar y concretar. Es tener rumbo. Es concentrarse en salir adelante. Es tener miedo y no aferrarse a él. Es superar los obstáculos.


En el amor, en nuestra profesión, en las relaciones con amigos, con vecinos… Pero sobre todo soñar es creer en el poder de cada uno para crecer y transformarse (a buen ritmo 😉).


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