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Ana Fdz.

El éxito enfocado en la carrera profesional es un ideal difundido en todas las personas. Todas queremos ser exitosas, lo natural es querer ganar. Sin embargo, a ese deseo se le suma un terror al fracaso pues, socialmente, parece que quien no trabaja y tiene cierto estatus, ha fracasado en su camino hacia la plenitud. Como personas, como mujeres, ¿cuál es la respuesta que debemos de dar ante esta presión?

La plenitud es completamente individual. Cada una de nosotras es distinta. Así como cada una es única e irrepetible, cada una también encuentra en esa vida individual, su propia plenitud. Nadie puede imponer la verdadera receta para la plenitud, porque es propia de cada una. La realización de la propia vida es única, como única es la persona. Los patrones que se impongan, limitando la libertad individual, estorban el desarrollo pleno, el desarrollo libre que guía hacia la felicidad.

Sin embargo, vivimos en sociedad. No se pueden negar realidades como la presión social, los estándares que parece debemos cumplir, o el aparente vacío que podemos sentir si no cumplimos con lo que la sociedad nos exige. La presión existe, las expectativas están muy altas. ¿Qué hacer? ¿Cómo responder? Cada una como se sienta cómoda y plena, considerando que el vivir en sociedad requiere una actitud de apertura y servicio a los demás.

Al aceptar el supuesto de que vivimos en sociedad por nuestra naturaleza sociable, la familia cobra una especial importancia en el camino hacia la plenitud individual.

Como mujeres, ¿el tener una familia entorpece necesariamente el desarrollo profesional? ¿Desarrollarse profesionalmente implica la incapacidad o imposibilidad de vivir en una familia estable? No.

La palabra «desarrollo» se refiere a cualquier cambio o transformación pero también tiene una connotación de crecimiento. Entonces, ¿la familia entorpece el desarrollo profesional o viceversa? Si se trata de un verdadero desarrollo profesional que implique un crecimiento, la familia no estorba. ¿Por qué? Porque el crecimiento personal debe incluir todas las esferas de la vida, incluyendo la familiar y la profesional. En el momento en el cual el trabajo o la carrera profesional impida que la persona pase tiempo con su familia, entonces no se está teniendo un verdadero desarrollo profesional sino un desempeño de actividades que se vuelven dañinas.

El crecimiento es vital para la persona. El estancarse durante toda una vida no llevará a la plenitud sino a la pasividad y a la soledad interior, perdiendo cualquier sentido anímico o vital. Todo lo natural, toda la vida, tiende al crecimiento. Así como cada persona tiene un crecimiento físico por medio del paso del tiempo, también existen otros crecimientos que fortalecen a la persona, tales como el crecimiento social, espiritual, profesional, familiar, intelectual, emocional, sentimental, pasional, y un largo etcétera. Muchas veces, en nuestra vida, el no crecer no significa simplemente estancarse, sino algo peor: significa decrecer. Retroceder pasos en nuestro camino a la plenitud puede ser muy doloroso, más si eso se nos escapa de las manos y es controlado por otros. ¡Solo yo soy quien me dirijo hacia la plenitud! Sin embargo, aunque a la que más le debe de importar el crecimiento es a mí misma, no estoy sola. Tengo mucha gente a mi alrededor que me quiere bien y me quiere ver crecer. En lugar de rechazar esa ayuda, debo abrazarla. ¿Para qué? ¿Para cumplir con esas expectativas? No. ¿Para responder ante la presión? No. Para corresponder en el amor: mi máximo alcance de plenitud.