Seleccionar página
Por Susana Ochoa de Rojas

A lo largo de mi trayectoria profesional, he sido directora de muchas cosas y liderado varios proyectos y tengo que confesarles que, aunque reconozco que la inclusión profesional de las mujeres en el ámbito laboral no ha sido justa ni con ellas ni con la sociedad – de ello es mi tesis doctoral – me resisto a algunas perspectivas que ponen siempre en pugna a los hombres y a las mujeres.

Entiendo la lucha que hemos librado para alcanzar escanios privados en otros tiempos a los varones, y he vivido el doble esfuerzo que tenemos que hacer para obtener lo mismo, pero no me parece que la solución sea la permanente confrontación entre unos y otros.

Tenemos que convivir, conciliar, hacer equipo y hemos de hacerlo cada vez más, y por ende cada vez mejor. Cuando dos bandos se confrontan en una lucha de poder, todos pierden. Para que un equipo funcione y lo vemos en equipos deportivos, estratégicos, políticos, etc., cada una de las partes ha de poner sobre la mesa la mejor versión de sí misma, ello implica, para articularse, que no siempre llevaré la voz cantante, que tendré que ceder la preeminencia al más capaz en algunas situaciones, que haré caso omiso de envidias, competencias desleales y trampas en general. Hombres y mujeres, para sacar adelante a esta gran nación, hemos de sumar en todos y cada uno de los actos de nuestra vida, en contraposición a restar. Hay que entender que no hay lucha de un sólo hombre o de una sola mujer y que los cuotismos o revanchismos propios de las peleas frontales, desgastan a ambas partes.

Las razones por las que somos más o menos productivos, no siempre obedecen a nuestra condición de género. Yo conozco muchos hombres compañeros de trabajo que son extraordinarios y muchos otros que sospecho que le están robando el aire al mundo, pero también conozco muchas mujeres ejemplares y maravillosas, y muchas otras que sólo viven para destrozar, pero no nos confundamos. Esa es naturaleza humana primigenia o adquirida – dijeran Rousseau o Hobbes – pero naturaleza humana al fin. En mi trayectoria profesional, mis peores enemigos han sido otras mujeres, y mis más fervientes promotores, han sido hombres. No digo que sea el caso de todas, sino que ‘la responsabilidad’ de esta inclusión desigual, no pertenece a una entidad morfogenética de nombre impronunciable – tipo la nube gris que flota encima del sistema -, pero tampoco es imputable a los varones que son mis compañeros de trabajo a quienes, bajo la óptica de la eterna lucha, he de ver como eternos rivales, sólo por su condición de género.

Hay que convertirnos en personas que en lugar de exigirles a los demás la correción de sus defectos, que vemos a peso plomo, exijamos hacia adentro cómo irnos superando a nosotras mismas la corrección de los nuestros defectos que siempre vemos a peso pluma. ¿Que encontraré enemigos? seguro. Las inseguridades de los demás estorban, y lo hacen siempre, en todo equipo humano. Pero no son privativas de un género u otro, sino de la incapacidad personal de asumir la propia realidad e integrarla en un proyecto pertinente.

¿Que existe el techo de cristal y el suelo pegajoso del que hablan varios autores cuando describen las condiciones desiguales? definitivo. No los niego, sólo que me resisto a creer que lo ‘emparejaremos’ a punta de golpes contra los contrarios. Hemos de dar golpes pero más asertivos, a mis propias habilidades, a la superación contra sí misma, a la valoración que me dan en mi trabajo, al valor que requiero para asumir una distinta responsabilidad, y estar dispuesta a pagar el precio. Se requiere un ejército de mujeres valientes que asumiendo su realidad, vayan transformando este mundo en uno más humano, más justo, menos desigual, y para eso hacemos falta todos, pero con una nueva actitud.

5 Comentarios

  1. Gloria Sención

    Felicidades!! Excelente pubicación.

    Responder
  2. Fátima Castro

    Excelente artículo.

    Responder
  3. Blanca López

    Excelente!! Muchas felicidades por ser voz de muchos

    Responder
  4. Isabel Coronado

    Susana, mil gracias por tanta sabiduría y compartir este artículo del que estoy totalmente de acuerdo!. Pienso que si todos, mujeres y hombres, lo siguieran, el mundo definitivamente sería mucho mejor.

    Responder
  5. Cecilia Gutiérrez Richaud

    Excelente artículo, con el cual concuerdo totalmente. Felicidades Susana.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *