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Hablar sobre la igualdad de derechos, entre ellos los laborales, o la paridad de género, es sin duda, uno de los principales temas en la agenda política y social de la última década a nivel mundial. Pero me atrevo a decir que en muchas ocasiones algunos movimientos han desvirtuado la lucha por la igualdad, cayendo en la no aceptación del otro género o colocándolo como el enemigo a vencer y es una visión errónea, debemos partir de la igualdad y la dignidad para construir juntos.
La reciprocidad, corresponsabilidad o complementariedad varón-mujer, intenta hacer compatibles la igualdad y la diferencia entre ambos. Se reconoce su igualdad en la condición de personas y, en consecuencia, sus derechos.
No obstante, la igualdad en dignidad y derechos no puede ser un impedimento para defender, al mismo tiempo, la diferencia entre varón y mujer (genética, biológica, hormonal, incluso psicológica, etc.), entre aquello que nos hace únicos.

Considero que el trabajo es un medio fundamental para la realización del ser humano y poder satisfacer muchas de sus necesidades, es un derecho consagrado en el artículo quinto constitucional y nadie lo puede negar, lo que hace falta es la creación de políticas públicas laborales que armonicen los espacios de trabajo y familia de manera más equitativa para un mejor desarrollo; que dentro de las empresas no se luche únicamente por la igualdad, sino por la complementariedad en donde se generen equipos de trabajo integrados por hombres y mujeres con distintas capacidades y aptitudes que enriquezcan la toma de decisiones y la generación de soluciones innovadoras y creativas; que todas y todos puedan estar en espacios de decisión porque cuando decidimos juntos, decidimos mejor.
Es tarea y deber de todos: organización civil, empresarios, academia y gobiernos trabajar en sinergia, para coordinar y sumar esfuerzos en la implementación de políticas y estrategias que apuesten por la complementariedad. Una tarea que requiere asertividad, sensibilidad y objetividad para acabar de fondo con la desigualdad y generar oportunidades para que crezcamos todos en México.
Estamos a tiempo de construir una sociedad que ponga en el centro de su actuar a la persona, que reconozca y tutele la dignidad de cada uno para mejorar nuestra comunidad a través de la complementariedad de mujeres y hombres.
Se necesita mucha humildad y solidaridad, sólo en la medida en que trabajemos juntos, en el que se acepten nuestras capacidades y diferencias, en la medida en que nos veamos como equipo y no como rivales habremos triunfado como sociedad; somos mejores cuando decidimos juntos las mujeres y los hombres.
Alicia Galván López